Lo que el sistema vuelve improbable


No vivimos solo en una economía de la atención. También en una de la ignorancia: no la que oculta, sino la que vuelve improbable que algo llegue a aparecer.

Decimos que sobra información. Es verdad a medias. La otra mitad es que, a la vez, se produce su reverso: una distribución desigual de lo que cada uno puede llegar a ver. No la ignorancia que oculta —esa es vieja—, sino la que vuelve improbable que algo aparezca ante ti.

Proctor lo llamó agnotología: la ignorancia como producto, no como vacío. En los algoritmos no hace falta que nadie mienta. Basta el diseño. Hay cuatro formas de no ver: la burbuja que ni notas, el vacío que alguien ocupa, lo que existe pero no alcanza umbral de visibilidad, y lo que el dataset nunca recogió y por tanto no existe para la máquina.

Y esto es un problema de arte, no solo de información. Una obra puede reorganizar el campo de lo posible y no ser reconocida nunca, no por falta de mérito, sino porque la infraestructura la mantuvo bajo el umbral. No la destruye: la vuelve improbable de encontrar.

Sexto y último texto de mi serie sobre infraestructuras.