La nostalgia ya no es de todos
Hay una cosa rara pasando con la nostalgia. Antes era un territorio común: los de cierta edad recordábamos las mismas canciones, los mismos anuncios, la misma luz de las tardes de verano. La nostalgia unía porque era compartida de salida.
Ahora circula otra cosa. Microestéticas cada vez más finas: no "los 2000", sino una textura concreta, el grano de una foto mal hecha, el reflejo de una pantalla de tubo, un objeto que tuviste y creías que solo tú recordabas. Y el comentario que aparece siempre debajo es el mismo: "pensaba que era el único que se acordaba de esto".
Eso es lo interesante. La nostalgia ha dejado de ser un recuerdo colectivo para convertirse en otra cosa: la sorpresa de encontrar a alguien que comparte un recuerdo que dabas por intransferible. Ya no recordamos juntos. Recordamos por separado y nos asombramos de coincidir.
Lo cual cambia para qué sirve recordar. No para pertenecer a una generación, sino para descubrir, un poco incrédulo, que tu memoria privada también era de alguien más. Recordar dejó de ser recordar. Pasó a ser encontrar compañía para un recuerdo que creías inútil y solo tuyo.