Lo que no cabe en una sola forma
Hoy es el día y conviene decirlo sin el tono de folleto. Hay peces que empiezan siendo hembra y terminan macho, o al revés, según lo que el grupo necesite. Flores que llevan los dos sexos en la misma corola. Hongos con miles de tipos de apareamiento —no dos, miles—. Especies enteras que se reproducen sin encajar en ninguna casilla que hayamos dibujado.
La biología no conoce el binario como ley. Lo conoce como uno de sus muchos arreglos, y ni siquiera el más frecuente si uno mira más allá de los vertebrados grandes. La diversidad no es una excepción que la naturaleza tolera: es su forma de trabajar. Lo vivo explora, se sale del molde, prueba configuraciones que no estaban previstas. Cuando algo deja de variar, no es que se haya perfeccionado: es que se ha detenido.
El arte, cuando vale algo, hace exactamente eso. No confirma las casillas que ya teníamos; abre otras que no sabíamos que cabían. Lo que reorganiza el campo de lo posible siempre viene de algo que no encajaba del todo en lo anterior. La diferencia no es un problema a gestionar. Es de donde sale todo lo que después llamamos nuevo.
Por eso celebrar la variedad no es un gesto de tolerancia, como quien hace sitio a regañadientes. Es reconocer una evidencia: sin lo que se sale del molde no habría casi nada. Ni especies, ni arte, ni nosotros.
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