La pila que aún no he leído
Hay un género de foto de verano que no documenta una lectura: documenta una intención. La pila de libros sobre la toalla, el "lo que leeré este verano", el lomo nuevo apoyado en la arena. No es la estantería, que archiva al lector que ya fuiste. Es su versión portátil y anticipada: el lector que prometes ser cuando el verano te deje.
Lo interesante es que la pila casi siempre se fotografía antes de abrirla. No prueba consumo: pre-posiciona gusto. Dice "soy este tipo de persona" sin necesidad de haber pasado todavía de la página doce. Y funciona porque el libro, en una foto de playa, hace de corrector simbólico: añade espesor a una imagen que, sin él, sería solo cuerpo y ocio. El verano podría leerse como frívolo; el libro lo redime.
Hay algo entrañable en ese gesto: planear el verano lector es ya una forma de disfrutarlo, y una pila sin abrir es pura promesa, optimismo en estado puro. La mejor performance es la que no parece performance: "solo comparto mi verano lector". Y a veces es verdad. A veces la pila se abre, se subraya, se acaba. Que se fotografíe no la hace menos sincera: nadie planea con tanto esmero algo que no le ilusiona.