El arte de IA no necesita un autor (ni necesita a Gell)
El debate sobre la autoría en el arte de IA ha encontrado una salida a medias en Gell. Propongo la completa: el excedente estructural.
Hay un debate que lleva tres años dando vueltas: ¿quién es el autor de una obra hecha con IA? Entre el antropocentrismo legal (sin humano no hay autor) y la co-autoría por suma de partes (programador + dataset + prompt), el campo ha empezado a girarse hacia Alfred Gell, cuya antropología del arte permite hablar de agencia sin exigir conciencia.
He publicado una pieza sobre por qué esa salida es solo a medias. Gell resuelve el problema de la conciencia pero hereda otro: la crítica de Layton y Morphy —la agencia del objeto como “analogía llevada demasiado lejos”— y un fondo instrumental que ata el arte a la función de captar e influir. Lo que encaja mal con la IA, donde cumplir el encargo no es hacer arte.
La salida que propongo, y en la que llevo años: el acontecimiento artístico no está en quién origina la obra ni en su eficacia, sino en el excedente estructural —la diferencia que persiste y reorganiza el sistema sin dejarse absorber por su función—. El arte no es la salida bien lograda; es el resto que desborda la tarea. Y eso se puede pensar sin buscar autor, incluso entre máquinas.