Comisariar lo que nunca es igual dos veces
Una obra generativa no es un objeto: es un sistema que produce estados. ¿Cómo se expone, se conserva y se media algo que nunca está terminado?
Hay un gesto que define el oficio de comisario: decidir qué se expone, dónde, con qué luz, durante cuánto tiempo. Ese gesto presupone que hay un objeto, idéntico a sí mismo, que seguirá ahí mañana. El arte generativo rompe ese presupuesto.
He publicado un texto sobre el problema curatorial que esto abre. Unsupervised, de Anadol, ocupó el MoMA casi un año generando formas que no se repetían: su ficha decía “dimensiones variables”. No había imagen que conservar, había proceso. Y eso desplaza las tres operaciones del oficio: exponer (la duración se vuelve decisión estética), conservar (no se preserva un objeto, se garantiza que un proceso pueda re-ejecutarse) y mediar (no se explica una imagen, se traduce un sistema).
El argumento conecta con algo que vengo sosteniendo: el comisario de lo generativo no comisaría objetos, comisaría regímenes de emergencia. Y señalo tres lagunas —no hay literatura curatorial sistemática de montaje, ni casos publicados de actualización de código en museos, ni estudios de recepción del público— que son la prueba de que es un territorio en formación.
Cierro desde Málaga: una ciudad que apostó por los museos y que tiene ante sí la oportunidad de apostar por la forma de arte que más obliga a repensar qué es un museo.