Las manos del oficio que desaparece
Hay saberes que no están en ningún manual porque viven en las manos. El encuadernador que sabe cuánta cola es suficiente por el tacto. El afinador que oye lo que nadie más oye. El que restaura una moldura y reproduce un perfil de hace dos siglos sin más plano que el ojo. Cuando uno de ellos se retira sin enseñar a nadie, no se pierde un empleo: se pierde un gesto que tardó una vida en afinarse.
Conviene decirlo sin la nostalgia fácil del "todo tiempo pasado". Los oficios se han reciclado siempre. El que hacía ruedas de carro no vio el fin del mundo, vio el principio del automóvil. Profesiones enteras nacen ahora mismo que serían incomprensibles para nuestros abuelos, y algunas son apasionantes. El relevo de oficios no es una tragedia: es cómo respira una sociedad viva.
Lo que sí merece atención es qué se pierde exactamente en cada relevo, para no perderlo por descuido. Un gesto artesano es conocimiento condensado, y parte de ese conocimiento no se puede escribir: solo se transmite de mano a mano. Cuando desaparece sin traspaso, desaparece de verdad.
Pero basta entrar en un pequeño taller para ver que la cadena no siempre se rompe. Alguien joven, ahora mismo, está aprendiendo a oír lo que oye el afinador. Y a la vez inventando algo que nadie le enseñó.
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