El problema del consumo digital ético va más allá de la IA
La conversación pública sobre sostenibilidad digital se ha concentrado durante todo 2025 en la inteligencia artificial. Hay razones materiales para ello: es el mercado más intensivo por unidad de cómputo. Pero esa concentración deja fuera dos ecosistemas con huella muy distinta y, en el caso del social media, probablemente mayor en agregado anual.
Acabo de publicar en eldiario.es una adaptación periodística del estudio largo que cerré hace unas semanas en Cuaderno público. La tesis es la misma: la pregunta "¿cuál de los tres mercados es el peor?" está mal planteada. Confunde intensidad por uso con agregado por escala, y desplaza la responsabilidad hacia el usuario individual cuando los datos indican que la palanca decisiva está en la infraestructura.
Hay una asimetría que conviene poner sobre la mesa. La IA es hoy mercado de consumo electivo: una decisión que se toma. Las redes sociales son mercado de consumo estructural: requisito laboral, administrativo y social en la mayoría de los contextos contemporáneos. La ética del consumo no es la misma en ambos casos.