Charla con Milad Karamooz
Hay artistas que no necesitan imponer un discurso para que su trabajo tenga dirección. En el caso de Milad Karamooz, esa dirección aparece desde otro lugar: desde una relación constante con lo que hace, más que desde la necesidad de explicarlo.
La conversación con él no gira en torno a grandes conceptos, sino a una forma de entender el proceso. No como algo que se define de antemano, sino como algo que se descubre mientras ocurre. Hay una confianza en el hacer que resulta poco habitual, una manera de avanzar sin cerrar del todo lo que se está construyendo.
Su trabajo no responde a una lógica de resultado. No busca llegar a una forma final que confirme una idea previa, sino sostener un recorrido en el que las decisiones van apareciendo en contacto con el propio proceso. No hay prisa por resolver. Hay atención.
Esa forma de trabajar implica también aceptar la incertidumbre. No como problema, sino como parte necesaria del camino. No todo tiene que estar claro desde el inicio, ni todo tiene que explicarse. Hay cosas que solo adquieren sentido cuando se hacen, no cuando se piensan.
En un contexto donde muchas prácticas creativas están condicionadas por la velocidad, la visibilidad o la validación externa, esa posición resulta especialmente relevante. No porque se oponga frontalmente a ese entorno, sino porque no depende de él. Mantiene su propio ritmo.
Hablar con Milad es, en el fondo, acercarse a una forma de estar en el arte que no necesita justificarse continuamente. Que no se define por lo que muestra hacia fuera, sino por la relación que sostiene con lo que ocurre dentro del proceso.
Y quizá ahí esté lo esencial: no en lo que se dice sobre la obra, sino en cómo se llega a ella. En esa forma de trabajar que no busca cerrar el sentido, sino dejar que aparezca.
Versión completa en https://juanesteban.art/charla-con-milad-karamooz/